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La posverdad en la empresa familiar

Entre sus significados:
Se trata de aseveraciones que dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público”.
El uso del prefijo «pos» no significa que vivamos en un mundo en donde la verdad desapareció, de la misma manera que «posindustrial» no significa que hayan dejado de existir las industrias. Lo que significa es que el rol de la verdad dejó de ser central.
La aseveración principal de la posverdad es: “mi opinión vale más que los hechos”.
Hace referencia a un discurso que apela más a la emoción que a los datos. Y que descree de los argumentos basados en datos”.
La digitalización de los intercambios sociales lleva a que los sujetos se aíslen y se comuniquen con quienes ya piensan como ellos. De esta manera, comparten sus creencias sin importar si la noticia que difunden es falsa o verdadera.
Circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.
Fenómeno que se produce cuando los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales«.
¿Aplicable a la vida de la empresa familiar? Veamos:
 
“Los números dicen que vendemos y ganamos más, pero la plata no la veo”.
“Nadie se compromete, todos hacen la suya. Así vamos a desaparecer”.
“Me dicen que delegue, que los deje hacer, pero lo hacen mal, esto es un lío”.
“Ya es hora que nos deje dirigir, pero se mete en todo, se torna imposible”.
“Hay que hacer todo como él quiere, mejor no meterse”.
“No voy a cederles nada, que se arreglen después, no demuestran ser capaces”.
“¿Te das cuenta que a los empleados no les importa nada, no se ponen la camiseta como nosotros?”
Algunas de las frases que se escuchan a diario, entre otras. ¿Qué tienen en común? Abundan en definiciones drásticas, basadas en emociones del momento, que simplemente buscan confirmar ideas y creencias previas.
Frases sujetas a sentimientos, sin pretender alguna verificación. Más aún, la demostración en la realidad no importa, solo se requiere afirmar, y dar por hecho que las cosas son como se las describe, sin necesidad de saber si dichas creencias tienen algún anclaje en la realidad. Como si los datos dejaran de ser relevantes, para adquirir supremacía los sentimientos del momento, sin importar las consecuencias futuras de las afirmaciones y reacciones emocionales del instante actual.
¿Cuáles son las consecuencias de este estado de cosas?
– Círculos viciosos de ataques entre las personas, intentando demostrar cosas basados en sentimientos del momento.
– Afectación de las relaciones personales bajo el imperio de las emociones negativas. Conformación de bandos basados en “los que piensan como yo”.
– Pérdida del valor de la información y los datos.
– Despreocupación por establecer criterios objetivos en las conversaciones y la evaluación de la realidad.
– Pretender tener razón a toda costa.
– Deterioro de la armonía familiar, capital básico del futuro de la empresa familiar.
– Deterioro de la gestión, y de la relación con empleados no familiares.
– Vivir en estado de conflicto permanente instalando dogmas, cerrados a la reflexión entre las partes.
– Caída de la rentabilidad como consecuencia de la baja disposición a colaborar.
¿Qué podemos hacer para prevenir?
Como primera instancia, alguien con liderazgo reconocido, tiene que reconocer este estado de cosas.
Comenzar a actuar sin pretender imponer alguna visión en particular sobre los otros.
Generar pequeñas estrategias, de modo artesanal, que promuevan algunos intercambios posibles, partiendo de las visiones de las partes y descubriendo puntos en común.
Acercar un modo de visualizar el futuro compartido más allá de la circunstancia del momento.
Enfocar en las soluciones, y no dejarse arrastrar por el reproche cotidiano.
Aceptar que es un proceso lento y largo, con idas y vueltas, y tener la sabiduría de retomar siempre los diálogos posibles.
Admitir que puede salir mal, y buscar salidas antes que el fracaso los arrastre a situaciones sin retorno.
No pretender tener conversaciones con todos los involucrados a la vez como método único, si no ir por partes en la búsqueda de acuerdos mínimos.
Ir integrando datos que permitan anclar las conversaciones en hechos verificables que no sean discutibles para nadie.
Nunca perder de vista los números del negocio como la radiografía de la empresa, comprendiendo el impacto que tiene el estado de cosas en la marcha del negocio.
La posverdad significa un abandono de la información real y someternos a la arbitrariedad de las creencias particulares del momento. Para que la armonía familiar y la rentabilidad del negocio funcionen, se necesita la altura y sabiduría que los inició como proyecto para ser sustentables en el tiempo.
Nota elaborada por el Lic. Néstor Rabinovich, docente de [email protected]

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